Todo este tiempo te creí, criada por el dolor, la incertidumbre y la falta de fe. Pedazos de mi carne cortadas por el mismo cuchillo que corto mi voz, como si hablar doliera mas que morir, como si llorar fuera peor que vivir. Todo este tiempo te creí. En una sola noche mis manos se enfriaron, y mi piel dejo de ser mía, marcada, ajena, rota. En una sola tarde desapareció mi sueño, mi corazón y mi valor.
Pero nunca deje de buscarme. Y este objeto que parece muerto en realidad puede hablar, siempre pudo hacerlo, y este juguete roto hecho para el deseo del otro estaba mas vivo que nunca, y esta boca, lengua, cuerdas, funcionan. No estoy muda. No estoy ciega. No estoy muerta.
Nunca fui un objeto, ni lo seré. Nunca fui solo un cuerpo, ni una mujer. Nunca deje que los demás me convirtieran en carne. Busque por años mi libertad, mi amor, mi voz, mi feminidad, y recupere todo lo que alguna vez fue mío, todo lo que me quitaron, todo lo que alguna vez deje ir. Nunca fui un juguete roto y nunca debí sentirme como tal.
Quiero tanto esta voz, este corazón tan cálido. El único poder que guardo dentro, es el de amarme a pesar de todo, no importan las manos que rocen mi piel, no importan las palabras con las que me definan, no importa si los dedos me apuntan a mi y no a Juan, a Guido, a Felix. No importa. Porque existo.
Y mientras exista siempre habrá alguien de mi lado, siempre habrá un corazón que sepa lo que valgo, siempre habrá un lugar donde vivir corporalmente no me duela. Siempre podre ser mía.