martes, 19 de agosto de 2025

 Cuando no hay incendios que apagar, recargo igual las mangueras, reviso que el agua funcione correctamente, me pongo mi traje y me siento a esperar. 

Cuando no hay incendios que apagar, confundo cualquier sonido con la sirena de alarma, mi cuerpo se agita, mi piel suda, siento que necesito hacer algo urgente, rapido, certero. 

Cuando no hay incendios que apagar, paseo por la ciudad buscando alguno, reviso cada casa, cada pastizal expuesto al calor del verano, cada esquina cubierta de hojas, todo es un posible foco. 

Y aunque todo este tranquilo, aún escucho las alarmas de incendio, aún tengo mi traje puesto, aún tengo la manguera en mis manos, siento miedo, a veces demasiado. 

Pero no hay incendios que apagar. Ninguna vida va a perderse hoy, ninguna persona va a llorar, ningun hogar va a encontrarse destruido entre llamas violentas. 

No necesito hacer fuerza con mis sentidos por si la alarma suena demasiado bajito, no necesito estar preparada para cuando todo arda. Ya no es necesario que este traje calcinante recubra mi cuerpo, estoy a salvo si me lo quito, estoy a salvo si bajo la guardia. 

Y suena imposible. 

Suena escalofriante. 

Pero hoy no hay incendios que apagar. 

Asi de liberador y angustiante como se escucha. 



lunes, 11 de agosto de 2025

Me sobreestime. Vivi demasiadas cosas a una edad demasiado temprana, respecto al amor, respecto a la ingenuidad, respecto al dolor. Y cambie, cambie porque aprendí alguna que otra cosa, aprendí sobre mi, sobre las relaciones, sobre la esperanza y la desdicha de contemplar no solo el fin del amor, sino el fin de lo que creía saber sobre mi misma. Juro que me reconstruí cada día, y hasta el sol de hoy no he parado de transformarme. Me sobreestime. Pense que tenia demasiadas cosas que decir, demasiadas cosas que enseñar, demasiado para escribir. Creí saberlo todo sobre el amor, pero resulta que realmente lo único que sabia, era lo que no era. Pero ¿sabes algo?, nunca me sentí desdichada del todo. Y quizás no son necesarias respuestas complejas, porque todas las preguntas que nunca logre responder sobre el amor, y todas las respuestas que secretamente, siempre desee conseguir, se hallan bailando bajo el reflector cada vez que mi piel se acerca al calor de la tuya. Es un vaivén emocional pero calmo, es como un sonido distante, suave, para nada apabullante, ni destructivo, ni muy pasional. Es solo la paz de existir en un espacio totalmente conocido, propio, placentero. Como un colchón de flores, como saber que simplemente todo se encuentra en su lugar. 
Cada vez que camino de tu mano, y nuestros pasos avanzan uno siguiendo al otro, pertenezco, existo, sonrió y te miro porque lo que mi corazón siente en esos momentos no quiere ser olvidado, mi cara no puede dejar de expresarlo, mi sonrisa no puede esconderse, mis ojos no pueden dejar de brillar si te estan mirando. Me convertiste en una aprendiz y estoy empezando de nuevo, y a pesar de que mis experiencias siempre me hicieran sentir una total conocedora, no se absolutamente nada cuando me estas mirando. No se nada, solo siento. Y lo que he llegado a sentir no tiene palabras, es absoluto, es eterno, y es electrizante, revolotea en todo mi cuerpo y no dejo de desear abrazarte, tocar al menos una ínfima parte de tu cuerpo, besarte, fundirme. 
Estoy emocionada por seguir siendo tu aprendiz, tu luz, tu escolta y compañera eterna, solo tenes que sostenerme la mano, y prometo que vas a encontrarme siempre caminando al lado tuyo con una mirada, una sonrisa, y un corazón totalmente sano, nuevo, estremecido por tu calor, esperando que puedas enseñarme cada vez un poco más sobre vos, que transformaste mi definición completa del amor.