En el corazón una fosa eterna,
un oscuro silencio resguardado,
años de hastió,
prematuro hartazgo, insomne, solitario.
Donde no hay lugar para ser sensible,
donde no hay lugar para ser amable,
donde la soledad no es tu mayor fuerte,
el silencio es como un castigo, como un veneno.
Y los recuerdos se agolpan de a pares,
parece que alimentan la fosa
y la vuelven cada vez mas fuerte,
cada vez mas honda.
Si la miraba por mucho tiempo,
el deseo de desaparecer en ella me carcomía,
al tiempo que aliviaba un poco mi pesada cabeza,
mi cuerpo somnoliento,
mis sentimientos adormecidos,
mi mente blanquecina.
Donde la amabilidad no es opción,
bordeaban la casa mil espadas,
cuchillos, armas, listas para ser tomadas,
listas para volverme mas dura, mas fuerte, mas ajena a mi misma.
Mírame, soy quien no era,
mírame, este vacio ahora me llena,
mírame, soy una guerra,
mírame, yo soy la fosa hambrienta.
Y todo se volvió mas oscuro,
pero podía moverme a mi antojo, reconocía de donde venia,
hacia donde me dirigía,
conocía cada recoveco de aquel dolor que ahora me movilizaba hacia adelante,
como un torpedo,
como una bala,
como una niña enojada.
Era mi propia justicia impartida,
mi corrosivo veneno extendiéndose, siendo liberado,
mi dolor convertido en motor,
la arena consumiendo la totalidad del mar.
Y crei que esa era mi verdad.
Pero cada vez que me miraba al espejo,
veía las arrugas que el enojo habia provocado en mi cara,
y "quizás asi deban ser las cosas", pensaba,
"quizás mi alma es espinosa".
Y a pesar de la fortaleza, a pesar del enojo vivo que hervía mis entrañas,
nunca olvide que siempre fui una niña llorona,
siempre me dolió mas a mi,
siempre quise poder volver atras el tiempo,
evitar desde un principio lo que me convirtió en una fosa,
resentida de estar armada,
dolida por tener que enfrentarme al dolor.
Aun con la armadura de la guerrera puesta,
seguia teniendo miedo a la oscuridad,
y la niña insomne que alguna vez fui, recorría pasillos en mi mente,
despierta de madrugada, asustada de dormir,
asustada de morir,
asustada de existir.
Y quizás esto no es todo lo que es.
No se trata de la justicia, no se trata de fuerza,
no se trata de ser imperturbable, ajena,
o destructiva, responsable, no se trata de ser resiliente.
Quizás se trata de esa pequeña niña amorosa,
que nunca encontró un lugar seguro para ser ella misma.
Y mientras la fosa mas crecía,
mas aguda se volvía la creencia,
de que ser quien era,
era un sueño absurdo, imposible, peligroso.
Pero algunas cosas cambian y este traje de guerrera
ya me queda un poco apretado,
este cuerpo ya no es pequeño,
y estas manos ya no quieren golpear.
No estuvieron nunca hechas para eso.
Entonces llene la fosa de sentimientos nuevos,
aun no tapan el agujero, pero lo intento,
construí un camino de flores hasta allí,
y aunque el ambiente aún es hostil,
al menos a la vista era mas reconfortante,
mas como yo,
mas suave.
No quiero que alguien mas decida como es mi alma,
no quiero encriptar partes de mi para vivir en paz,
quiero la paz y quiero el amor, la suavidad,
la tranquilidad que solo se siente cuando sabes que fuiste amable,
el tipo de tranquilidad que jamás se va. La integridad.
Mi propio significado de lo que es ser resiliente.
Mi propio campo de flores viviente y en expansión.
Mi propia filosofía de vida.
Mi propia paz que no puede ser perturbada por el ruido.
Mi vida.
Mi alma.
Mi forma de amar en medio de la hostilidad.
De eso se trato siempre.
