Mis emociones son una entidad aplastante y destructiva, no se detienen por nada ni nadie. Y mis manos, temblorosas e inutiles, intentan detener el llanto a los golpes.
Quizás esto significa estar vivo.
Quizás así sé que aún respiro.
Las veces que estas emociones me asaltaron en compañía de mi descarrilado amor, la calidez que creí ver en aquella alma, se desvanecía frente a mis húmedos ojos, como si esa calidez nunca hubiera existido en primer lugar.
Amargo a todos con mi dolor, y todos me duelen.
Lo único eterno realmente es mi llanto silencioso, inaudible, que intenta no explotar en la noche. El tiempo me hizo notar que la soledad me sentaba mucho mejor, y de una forma u otra, lo entendí. Lloro en silencio porque llorar me pone en peligro, no me enojo, reviento por dentro todos los días un poco, me frustro conmigo, me desquito.
Nunca aprendí a respetar mi humano corazón.
Nunca fue seguro sentir.
Es una tortura lenta, silenciosa, que ya no parece justa ni para mí, que no soy mi fan mas acérrimo. Necesito aprender lo que no aprendí, proteger lo que nunca protegi, escuchar fuerte y claro cada emoción y sentirla latiendo en mi ser las noches que hagan falta, en ingenua soledad.
Aunque realmente ya no estoy sola. Ya no.
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